Fue el alto representante de la UE, Josep Borrell, quien tras una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores del bloque en Brest, quien dijo que había una «clara solidaridad» con Lituania en la disputa.
Para gran enfado de China, Lituania permitió que Taiwán abriera una supuesta oficina de representación, una embajada de facto, en su capital en noviembre pasado, la primera de su tipo en Europa y lo que China ha aseguraodo que es una «clara violación» de la conocida como política de Una Sola China.
Pero la disputa lleva tiempo gestándose. Empezó después de que Vilnius abandonara el llamado grupo 17+1, un formato utilizado por China para negociar directamente con los países del este del bloque, en mayo del año pasado.
Luego, Beijing comenzó, sin previo aviso, a restringir la entrada de productos lituanos al país, lo que llevó al Estado báltico a impulsar las relaciones con Taiwán, intensificando aún más la guerra comercial entre las dos partes.
Sin embargo, la última disputa con China es una verdadera prueba de unidad para los Estados miembros de la UE y la forma en que se desarrolle en las próximas semanas y meses podría definir la relación del bloque con Beijing en el futuro.