Emotivo homenaje troyano a José Manuel Díaz Maseda


El pasado domingo 4 de julio tenía lugar el esperado adiós troyano al archiconocido periodista de la TVG: José Manuel Díaz Maseda, fallecido el 23 de diciembre de 2020 como consecuencia de las lesiones producidas en un accidente de tráfico acaecido cinco días antes.

 Uno de los miembros más activos y queridos de Troyanos de Compostela, el grupo musical de pulso y púa de la Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos, recibía el homenaje en forma de concierto que sus compañeros le rindieron en Cedeira, su villa natal. El emotivo acto tuvo que ser trasladado al Polideportivo municipal debido a las inclemencias del tiempo, que obligaron a suspender lo inicialmente previsto, al aire libre en los exteriores de la ermita de Santo Antón de Corveiro.

Y es que, el cielo de Cedeira tampoco fue quién de contener la emoción, inundando en forma de lluvia las lágrimas que del cielo manaban desde primera hora de la mañana.

La jornada se desarrolló con profundo sentimiento y emoción contenida. El concierto contó con la presencia de sus padres, José Antonio y Carmiña, así como su hija Cristina, quienes con sus palabras de agradecimiento y orgullo pusieron aún más a flor de piel los sentimientos que por momentos desbordaban a los allí presentes, en un carrusel de sensaciones indescriptible.

En los instantes iniciales al concierto, la familia recibió el obsequio troyano por excelencia. Se trata de la medalla de Sargadelos de la Casa de la Troya, diseño de Xosé Vizoso, enmarcada sobre el color granate Fonseca de la beca troyana junto con una placa grabada conmemorativa. Sus compañeros Carlos Pardo y Juan Carlos Díaz del Valle fueron los encargados de entregarles el obsequio.  

La familia Díaz Maseda: Héctor (pareja de la hija), Cristina (hija), José Antonio y Carmiña (padres) junto con el alcalde de Cedeira Pablo Moreda, aparecen entre los troyanos Juan Carlos Díaz del Valle y Benigno Amor (presidente).

El presidente de la Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos ergo Troyanos de Compostela, Benigno Amor, dirigió a los asistentes unas sentidas palabras acerca de lo que la figura de Maseda significaba en el universo troyano. Glosa que destacaba las cualidades y valores que le caracterizaban: ayuda desinteresada, participación activa, compañerismo, buen humor, ganas de exprimir la vida y bonhomía. Todas ellas señas de identidad reconocida en los distintos ámbitos en los que participó, tanto profesional como personal y humanamente, y que no sólo cultivó, sino también enseño con el valor del ejemplo.

El concierto no fue demasiado extenso, pues éste no era el objeto del mismo.  Se interpretaron piezas clave del repertorio troyano y algunas de las qué a él más le gustaban. Santiago, Lela, La Alfonsina, Compostelana, Foliada do Rueiro, Barrio brujo (uno de sus temas favoritos), Carrascosa y Serenata Tapatía, consiguiendo arrancar los aplausos de las única y aproximadamente 50 personas que por causa del covid, se congregaban en las gradas.

El objetivo no era otro que el poder despedir a un compañero y conseguir cerrar el duelo que la pandemia obligó a posponer al mes de julio.

El alcalde de Cedeira, Pablo Moreda, dedicó unas cariñosas palabras a la familia y a los Troyanos allí reunidos, poniendo en valor el aspecto humano del homenaje y la importancia de la figura e impronta que Maseda deja en su Cedeira querida. La villa que le vio nacer.

La vida y sus vaivenes le llevaron a Santiago a estudiar, donde acabaría fijando residencia y donde encontró a su otra familia: los Troyanos, quienes huérfanos hoy de su figura, le rinden tributo eterno. Ya siempre que inician su tradicional brindis, concluyen mirando al cielo para decir: “va por ti Maseda, compañero, hermano”.

Troyanos de Compostela con la familia Díaz Maseda, el alcalde Pablo Moreda y Óscar Valcuende (tuno y amigo).

A la conclusión del acto, Troyanos de Compostela se dirigió al Mesón donde tuvo lugar una comida. En el mismo lugar donde tantas veces había celebrado su cumpleaños con sus amigos tunos, tanto troyanos como de otras estudiantinas. El mismo lugar que vio su sonrisa, escuchó su guitarra y disfrutó de su presencia actuó como testigo de excepción del homenaje, esta vez profano, que allí se rindió. A la manera que a él le gustaba y como si aún estuviese presente en forma física, Troyanos de Compostela tocaron, cantaron y disfrutaron del ágape, haciendo partícipes a todos los vecinos de Maseda allí presentes de la alegría y la luz troyana. Esa misma luz que desde el cielo emanaba y magnificaba un Maseda presente a los ojos del corazón, pero imperceptible ya a los sentidos humanos.

Mucha música, mucha emoción y un brindis al cielo inaugurado por los Troyanos con Maseda como padrino eterno.

Destacables las palabras de despedida de la jornada de un Juan Carlos Díaz del Valle sobrepasado por la emoción, quien como verdadero organizador del acto pudo ver al fin recompensados sus muchos viajes a Cedeira, esfuerzos y entrevistas con el edil de la villa en aras de conseguir cerrar el acto. Alcanzando un éxito sin paliativos coronado con una ovación de gala troyana, así como los abrazos de sus compañeros.

Punto y final a una despedida emocionante. Un ciclo que se cierra con dolor pero que exige continuar con la alegría y el buen hacer del que los Troyanos siempre han hecho gala. Y de esta forma honrar a nueva estrella que desde diciembre brilla en el cielo y que cuando escucha la música de su tuna, eclipsa a todas la demás, rutilando con una intensidad inusitada.

Los troyanos ya tienen una estrella en el firmamento. Ya nunca caminarán solos.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO