Otra campaña, otro despilfarro

El hastío y hartazgo que la sociedad española siente hacia su clase política se ha convertido ya, en un clamor. Con independencia de siglas e ideología, la opinión generalizada de inutilidad e improductividad que se percibe y se palpa en la calle, para con nuestros políticos, corre como un reguero de pólvora hacia el arsenal del desánimo, extendiéndose a todas las capas de la sociedad.

La decimotercera legislatura pasará a ser la más improductiva de la historia de la democracia. El balance transcurrido entre el 28 de abril y el 24 de septiembre, fecha en la que el BOE pone el candado a las Cortes es de cero leyes aprobadas. Para más inri, el alto coste de nuestro sistema parlamentario no hace si no generar mayor descontento en el ciudadano medio. Baste recordar algunos datos para confirmar este vox populi del sentir general. En estos 146 días sus señorías se han reunido en sesión plenaria la “friolera” de 14 días (11 en el Congreso y 3 en el Senado). Los salarios de diputados y senadores, durante este tiempo han sido de 16,28 millones de euros. Si a esto le sumamos comisiones, complementos, etc, la factura diaria aumenta más de un 30% llegando a los 132.000 euros diarios. Además, los diferentes grupos políticos han recibido subvenciones para realizar su trabajo en condiciones óptimas por valor de 6,5 millones de euros, en estos 5 meses. Como guinda del pastel, cada parlamentario ha recibido un i-pad de última generación, aumentado la factura en poco más de medio millón de euros más, en concepto de regalo de bienvenida.

En estos momentos, y ante la inminente llegada de una nueva cita electoral el próximo 10 de noviembre, consecuencia de una manifiesta incapacidad en el noble arte del consenso y del acuerdo político, que de realizarse, debería haber concluido con la proclamación de un gobierno estable, nos encontramos ante una nueva campaña, ergo más gasto público, aproximadamente 140 millones de euros, según datos del Ministerio del Interior.

En relación con todo este dispendio han surgido voces críticas que reivindican una campaña austera, con el menor coste posible.

Un paso simbólico y, a la vez importante, sería el de reducir la recepción de propaganda electoral, con un ahorro en el gasto de Correos, el mayor de todos, además de un considerable ahorro de papel, innecesario a todas luces. A tal fin existe la posibilidad de solicitar la exclusión del censo electoral que usan los partidos para enviar su publicidad. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), 112.000 personas ya lo han solicitado y la previsión es que esta cifra aumente. Para ser excluido de esta base de datos, lo cual debe hacerse antes del 7 de octubre, basta cumplir el formulario a tal fin que encontrarás en la página web del INE. Si bien necesitas disponer, condición sine quae non, de certificado electrónico  o el sistema cl@ve Pin. También se puede realizar en los ayuntamientos, en las oficinas consulares y en las delegaciones provinciales de la Oficina  del censo electoral (OCE). Un grano de arena que podemos aportar como ciudadanos y que, curiosamente, inunda las redes sociales con avisos y explicaciones de cómo realizar este trámite.

Otra iniciativa, con un calado más ejemplarizante y de iniciativa ciudadana, que busca que los políticos cumplan con su trabajo, es la solicitud lanzada en change.org “Si no trabajas, no cobras” donde se insta a los legisladores que renuncien a sus emolumentos al disolverse el Parlamento. Serviría más como promoción de la llegada de acuerdos  que como ahorro, pero al final, de tener éxito, nos hubiésemos ahorrado todo el gasto de esta futura nueva cita con las urnas.

Otras medidas, ya están en la mesa de los políticos y de ellos depende. Reducir el tiempo de campaña al mínimo, así como limitar al máximo mítines y apariciones en tertulias y medios de comunicación, y, en definitiva, todo aquello que pueda suponer un aumento del gasto del contribuyente, quien, al final, paga la factura en su totalidad y, apenas o nada, se le pregunta. Amén de considerar, como gasto superfluo muchos de los recursos utilizados por la “clase” política a tal fin.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO