José Pardines | 52 años después

El 2 de junio de 1968 la dirección de ETA decidió asesinar a los jefes de las Brigadas de Investigación Social de Bilbao y San Sebastián. Esta última operación se le encargó a Txabi Etxebarrieta. Era la primera vez que la banda tomaba una decisión semejante.

Cinco días después, Etxebarrieta viajaba en un Seat 850 con su compañero Iñaki Sarasketa rumbo a Beasain por la carretera Nacional I.

Ese 7 de junio de 1968, Pardines y su compañero Félix de Diego Martínez estaban de servicio en un control en la carretera local de Aduna a la altura de Villabona (Guipúzcoa), encargados del control del tráfico en una zona en obras, situados uno en cada extremo del tramo de carretera.

Su jornada transcurría con normalidad hasta que a Pardines, situado en el punto kilométrico 446,700, le llamó la atención un Seat 850 Coupé blanco con matrícula Z-73497. Esta placa le trajo a la memoria la de un vehículo robado, por lo que decidió interceptarlo y pedir la documentación a los dos ocupantes, Etxebarrieta y Sarasketa. Éstos habían cogido ese desvío debido a unas obras en la Nacional I.

Mientras rodeaba el vehículo y se agachaba para comprobar que los datos de la documentación se correspondían con los del automóvil, los del motor y los del bastidor, del coche salieron los dos ocupantes, sacando uno de ellos una pistola y disparándole un tiro en la cabeza a quemarropa. Posteriormente dispararon cuatro tiros más al guardia civil. Eran las 17:30.

En esos instantes pasaba por el lugar un camionero que detuvo su camión al oír el ruido del disparo, pensando que había pinchado una rueda. Al bajar del vehículo y ver lo acontecido, trató de reducir a los dos pistoleros, pero lo encañonaron y lograron huir.

Después los dos etarras huyeron del lugar, pasando junto al compañero de Pardines, el guardia Félix de Diego, que no se había percatado de nada. Tras ser informado de lo ocurrido por el camionero que presenció el tiroteo, de Diego —quien en 1979 también murió asesinado por ETA—4​ dio el aviso y se puso en marcha un operativo de búsqueda de los pistoleros.

Iñaki Sarasketa manifestaría años después su propia versión de lo sucedido:

Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo «Si lo descubre, lo mato»…Le contesté: «No hace falta, lo desarmamos y nos vamos»… Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás…Susurró: «Esto no coincide…». Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Había tomado centraminas y quizá eso influyó. En cualquier caso fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera.

Vídeo cedido por la EITB, en la conmemoración del 50 aniversario, en 2018.