Mientras el mundo sigue revuelto a la búsqueda de semiconductores, la Unión Europea anuncia un nuevo paquete de financiación para impulsar la investigación y producción en este mercado clave. Durante una visita al IMEC, centro puntero de investigación y desarrollo de microchips en Bélgica, el comisario de Mercado Interior Thierry Breton ha insitido en la necesidad de los 27 de ser más autónomos. Bruselas planea invertir más de 45.000 millones de euros para lograrlo. El objetivo, multiplicar por cuatro la producción en la UE para 2030. El mayor bocado de esta gran inversión irá, por tanto, a alimentar las plantas de fabricación de semiconductores, también conocidas como fabs, tan codiciadas en Europa.
La UE está incluso dispuesta a relajar las reglas de las ayudas estatales para financiar estos proyectos. Por el momento, tres cuartas partes de las instalaciones de producción de chips se encuentran en Asia. Y el 92% de los chips más avanzados salen de Taiwán. Los semiconductores se usan para todo: desde teléfonos inteligentes a coches, aviones de combate o el internet de las cosas. La pandemia y la interrupción de las cadenas de suministro mundiales han incrementado la necesidad de autosuficiencia. Con un mercado que puede aumentar exponencialmente, los Gobiernos del planeta, con China y Estados Unidos a la cabeza, están dedicando miles de millones a la tarea, no dejando a Europa otra salida que buscarse también la vida y seguir la corriente. A pesar de este pantagruélico festín de dinero público, aún está por ver si las empresas de semiconductores establecen líneas de producción en territorio comunitario.