El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, defiende su gestión de la pandemia, a pesar de que es el segundo país más afectado por el virus, después de los Estados Unidos. Superó los 105.000 muertos y hay más de 3 millones doscientos mil contagiados. El colapso de los camposantos obliga a improvisar tumbas en muchos lugares. Según el último boletín epidemiológico divulgado, los casos ascienden ya a 3.224.876 y confirman la aún acelerada propagación de la pandemia en el país. En una sesión pública en el Congreso brasileño, el ministro interino de Salud, Eduardo Pazuello, no descartó el uso de la vacuna rusa para el tratamiento de la COVID-19, pero consideró que las informaciones disponibles sobre el antígeno aún son «rasas».
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