Esta nueva fase podría consistir en intentar ampliar sus avances en el este y asestar golpes significativos a la infraestructura vital del país. El presidente ruso, Vladímir Putin, parece esperar que la implacable presión militar, combinada con el cambio de la dinámica política occidental y la atención mundial a la guerra entre Israel y Hamás, reste apoyo a Ucrania en esta guerra de casi dos años y obligue a Kiev a ceder a las exigencias de Moscú. «Para los dirigentes rusos, el enfrentamiento con Occidente ha llegado a un punto de inflexión: La contraofensiva ucraniana ha fracasado, Rusia está más confiada que nunca y las grietas en la solidaridad occidental se extienden», afirmó Tatiana Stanovaya, investigadora principal del Carnegie Russia Eurasia Center, en un reciente análisis.
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