Sobre la pista de un ‘farolero’ en Carballo

Cuadro eléctrico protegido en una calle de Carballo.

Cuando no existía iluminación eléctrica, el farolero era la persona encargada de encender los faroles de una población y mantenerlos en buen estado. A cada farolero se le adjudicaba un determinado números de los faroles y las calles en concreto a las que debía asistir.

Debía encenderlos a una determinada hora en las noches oscuras y en las de luna a la hora que se les señalara. Debía acudir al amanecer por aceite y mechas para proveer a los faroles y mantenerlos limpios, lo que debía hacer a primera hora de la mañana. Para realizar su trabajo, los faroleros estaban provistos de un chuzo, un pito, una linterna, escalera, alcuza y paños. Respondían del estado de los faroles que tenían asignados debiendo pagar los daños que les causaran.

Ahora que el avance de la tecnología nos ha proporcionado muchísimas ventajas en este sentido y también en otros muchos, ya no es necesario disponer de un farolero, pero seguramente más de uno se acordará todavía de los últimos coletazos de estos seres en algunos lugares de nuestro entorno a finales de la década de los años 70.

Lo cierto es que en este 2022 a Carballo le ha aparecido un farolero, no enciende, pero sí se encarga de apagar en diferentes zonas del casco urbano los térmicos de protección de diferentes cuadros eléctricos ubicados en distintas áreas y que dan servicio al alumbrado público. Barrios completos se quedan a oscuras al ser manipulados los cuadros, provablemente con una llave ‘maestra’ de apertura, dado que no causa roturas ni daños materiales. Varios vecinos de la céntrica calle Vázquez de Parga lo tienen visto, pero no identificado, dado que huye a la carrera.

Afirman haber puesto los hechos en conocimiento de las autoridades, pero de momento el ‘farolero’ anda suelto.