Un nuevo mundo tras el Covid-19

Gente con mascarillas- Cedida.

La crisis mundial que se ha producido en todo el mundo tras el paso de la pandemia del coronavirus está a punto de producir cambios drásticos a nivel global. El mundo actual, tal y como lo conocemos, va a cambiar radicalmente.

Este más que presumible cambio de paradigma tendrá en la biopolítica, big data y la ciencia sus ejes principales.

La dualidad entre control estatal o fortalecimiento del poder ciudadano será uno de los pilares en este cambio de dinámica. Hoy en día, la tecnología permite un control absoluto por parte del gobierno de la cuasi totalidad de su población. Si esto además sucede en países como China o Rusia, donde la balanza entre derechos ciudadanos y “seguridad nacional” se decanta siempre del lado del control gubernamental, la situación es todavía más clara.

Como resultado de la crisis del covid19, el control de los gobiernos sobre el ciudadano deja de limitarse a sus gustos, preferencias, filias, ideología política, religiosa, etc. Si este conocimiento del individuo es ya de por sí, alarmante, ¿cómo podemos calificar el salto cualitativo en las nuevas medidas de control: temperatura, presión sanguínea, ritmo cardíaco? Sencillamente aterrador.

Estaríamos ante el paroxismo del Big Data. Salvar vidas, pero ¿a qué coste?, ¿con que intención? ¿Tendríamos que pagar con el mal uso de nuestra privacidad?

Con la consolidación de este espeluznante medidor corporal, el sistema pasaría a implementar estas medidas dirigiéndolas al control de las emociones. Calibrando reacciones humanas y comportamientos ante tal o cuál discurso, programa, medida política, etc. Terreno abonado para que un supuesto gobierno totalitario impusiese su control sobre la población. Imaginemos por un momento una reacción de desaire y rabia ante un discurso de Fidel Castro o Augusto Pinochet, por un ciudadano oriundo del país, en su día. El Gran Hermano campando a sus anchas.

Y es que el ponernos frente a la dicotomía salud-seguridad, es la jugada maestra al ataque de la libertad del individuo. Este debe y puede, perfectamente, elegir las dos cosas, o la manera que mejor equilibre ambas. Citando la máxima del hedonismo epicúreo: en el equilibrio está la virtud, si éste, además está en manos de una sociedad educada, formada y por ende bien informada, todo será más fácil. Al contrario de lo que sucede en sociedades que justifican sus acciones en el ordeno y mando, así como en el miedo y su control.

Otro pilar importante del cambio en la dinámica mundial radicaría en otra dualidad: globalistas contra nacionalistas.

En la situación de pandemia actual, conceptos como el de solidaridad internacional dentro del mundo global en el que nos movemos, resultan esenciales a la hora de conocer los avances en la lucha contra la enfermedad. El descubrimiento de una técnica o terapia que funciona en un hospital de Corea del sur permite que se aprenda y aplique con el mismo éxito en España, al poco tiempo. En ese mismo hospital español donde se aplicó el método coreano se obtiene otro avance, el cual se desarrollará con resultado positivo en Canadá al día siguiente, y así sucesivamente. Sanidad colaborativa con el resultado de salvar muchas más vidas, más rápido y con más calidad, que en el supuesto de no compartir dicha valiosa información. Por si esto fuera poco, permite crear estrategias comunes, exportar modelos de actuación y gestionar protocolos con resultados garantizados. Ahorro de tiempo, dinero y recursos, que se traduce en óptimos resultados en la salud de los infectados, mayor protección para los facultativos y personal sanitario y en correr menos riesgos.

Algo parecido sucede con la logística. La coordinación entre países a la hora de dirigir la producción hacia lo que cada momento o situación demande, así como en su correcta y eficaz distribución, se antoja esencial.

Sin embargo, el contexto geopolítico en el que nos movemos es el del recelo entre países. Incluso entre estados miembros de macro entidades como es la Unión Europea surgen graves problemas que ponen en jaque su continuidad, al tiempo que cuestionan su utilidad. Algo inimaginable hasta hace bien poco. Baste como ejemplo, el presunto intento de compra de los derechos monopólicos de una nueva vacuna del covid19 a una empresa farmacéutica alemana por parte del gobierno de Trump (portada del dominical de Die Welt titulado Trump vs Berlín).

También resulta relevante la crisis y cuestionamiento del capitalismo financiero y bursátil. Tras el golpe del 2008, la debilidad del sistema quedaría otra vez al descubierto tras la brutal reacción de los mercados al covid19. 

Los diferentes gobiernos del planeta tienen previsto reactivar planes Marshall, como el que salvó Europa tras la II guerra mundial, con el objetivo de frenar la desastrosa situación económica mundial a la que inexorablemente, nos vemos abocados.

Sin duda, nada volverá a ser como antes y en nuestras manos está aprender la lección y exigir un cambio de rumbo hacia una sociedad más justa, humana e igualitaria. De esta, saldremos, tarde o temprano, con mayor o menor coste, pero saldremos. De la siguiente, quizás no.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO