Con el sorpresivo movimiento de unos 25 militares en Venezuela, en apoyo a Juan Guaidó, quedaron dos hechos al descubierto: la fragilidad de una Fuerza Armada Nacional Bolivariana que no está unida, que la tomó de sorpresa la acción, de tal manera que quedó en shock causando una muy tardía reacción del Alto Mando Militar. Y lo otro es que dejó en evidencia la lealtad de la más inaudita figura que se podría alinear con fuerzas opositoras, la del jefe de la inteligencia política, SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia), cargo que recae en personas de la más absoluta confianza del jefe de Gobierno.
Aunque lo sucedido no fue un golpe de Estado, ni siquiera una intentona militar, sí logró la rebeldía de dos docenas de militares activos, uniformados y armados, que se colocaron al servicio del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a quienes reconocen como presidente encargado y comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Mucho peso tuvo el acto efectista de ver a Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, en libertad, presentándose junto a sus custodios, gracias a las acciones del general Manuel Ricardo Cristopher Figuera, director del SEBIN, quien habría sido determinante para que abandonara su casa donde cumplía arresto domiciliario.
Ese grupo de oficiales fueron acogidos en calidad de asilo en la embajada de Brasil, luego de haber cumplido con su objetivo. Observemos que los militares no se pronunciaron desde ninguna base militar ni sometieron a oficiales que estaban al mando de algún cuartel. No hubo pronunciamiento de líder militar alguno. Guaidó no se pronuncia junto a un grupo de militares porque, aunque estaban los uniformados detrás suyo, él se dirige al país solo, incluso separado de Leopoldo López, quien se mantuvo a unos metros de distancia.
No hubo por parte de fuerzas aliadas al Gobierno ninguna reacción, más allá de unas bombas lacrimógenas, durante las horas vitales para someter y controlar al grupo de militares que estaban en plena vía pública en las inmediaciones de la Base Aérea Militar La Carlota. El tiempo fue el gran aliado de Juan Guaidó y su estrategia porque le permitió protegerse de miles de personas que empezaron a llegar al lugar y a salir de todas las zonas de Caracas.