Avanzan las obras del búnker de radioterapia del Hospital Público de Montecelo, en Pontevedra


Las obras de construcción del hospital siguen avanzando de manera simultánea en diferentes estructuras y los próximos meses serán claves para el remate de varias zonas de edificación, que ya proyectan la imagen final de esta primera fase del centro hospitalario. 

Una de esas estructuras es el búnker de radioterapia, que refleja la dimensión, la singularidad y la complejidad de la obra del Hospital Público de Montecelo, con una superficie en planta rectangular de 430 m2; y en cuya construcción se están empleando 1.225 m3 de hormigón y más de 120 toneladas de acero.  

Con todo, estos grandes elementos constructivos de hormigón armado no son suficientes, por sí solos en la edificación convencional para disipar la radiactividad procedentes de los equipos de radioterapia de grandes dimensiones y última generación que albergará el búnker. Por eso, atendiendo a estas exigencias técnicas, para la ejecución de la que es una zona sensible y de especial protección, en el búnker se está empleando un hormigón de características especiales.  

En este caso, se sustituyó como árido de mezcla el habitual granito de canteras por barita, un mineral que presenta unas propiedades únicas que confieren una elevada densidad. El resultado es la obtención de un hormigón baritado que amplía la densidad en un 30% con respeto al hormigón armado habitualmente utilizado en el sector de la construcción. 

El cambio de granito procedente de canteras próximas por barita hace que el precio se multiplique, toda vez que en la actualidad no existen canteras nacionales operativas de este mineral, y que el coste de su extracción es elevado. En la obra hospitalaria de Pontevedra el material que se está empleando proviene de Marruecos y es trasladado por transporte marítimo. 

Desde la loseta de cimentación del búnker parten los muros, con espesores que llegan hasta los 160 centímetros, y con una tapa superior, también maciza, que alcanza los 170 centímetros de grosor.  

Para extremar la protección y la seguridad del personal médico y de los pacientes, el espacio interior del búnker se distribuye en forma de laberinto, con el objetivo de que la zona de exposición a los tratamientos radiológicos esté siempre separada y aislada de la zona de control médico, mediante gruesos muros de hormigón que protejan al personal médico y sanitario y a los pacientes. 

La disposición y las características de obra son las de un auténtico refugio de radiactividad destinado a salvar vidas. La ejecución requiere de un proyecto específico, diferenciado del resto de la actuación, que necesita contar con la aprobación del Consejo de Seguridad Nuclear.  

El búnker de radioterapia comenzó a construirse el pasado mes de octubre en la esquina sureste del nuevo edificio hospitalario. Está previsto que la estructura quede finalizada a finales de año, para continuar en los meses siguientes con el proceso de dotación de instalaciones, acabados y equipamiento radiológico. En ese espacio funcionarán dos equipos de radioterapia externa de grandes dimensiones y con tecnología de última generación.