La intensa borrasca que afectó este lunes a Galicia dejó inundaciones en muchas villas. En Caldas de Reis las calles se convirtieron en ríos. La red de saneamiento fue incapaz de asimilar tal cantidad de agua y a primeras horas del día los coches ya comenzaban a tener dificultades para moverse. A media jornada, algún vehículo ya estaba totalmente atrapado. Protección Civil trabajó sin descanso para atender desprendimientos, caídas de árboles pero sobre todo, inundaciones en bajos y garajes. En Pontevedra cerraron la calle de las Leitugas por miedo a que se desprenda la medianera de un edificio. Los ríos multiplicaron todos su caudal. En Ourense, viendo como bajaba el Miño, ya le perdieron el miedo a la sequía. Las lluvias más fuertes se concentraron en el interior de la provincia de Pontevedra, en la Baixa Limia y en el sur de la provincia de A Coruña. Las rachas de viento superaron los cien kilómetros por hora en todas las provincias, tanto en zonas costeras como en zonas altas del interior. De hecho, el viento obligó a desviar o cancelar un total de 10 vuelos en el aeropuerto de Vigo. La borrasca también obligó a la mayor parte de la flota a quedar amarrada a puerto.
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