Disciplina y responsabilidad social. Asignatura pendiente

La falta de consenso político en España a la hora de enfrentar la pandemia, se ha convertido en una “rara avis” dentro del contexto de la política mundial. Nuestro país está siendo el más castigado por la segunda oleada de contagios y, mientras tanto, los partidos políticos parecen más empeñados en sacarse las vergüenzas los unos a los otros, que en lograr acuerdos que concluyan en un mayor control y protección ante la enfermedad. Diarios como Financial Times, New York Times o Economist aseguran que “en España, la lucha política está haciendo más daño que la covid19”. Espectáculos y “numeritos” de acusaciones mutuas de inoperancia e incompetencia, como el que hemos visto recientemente entre gobierno central y la comunidad de Madrid, dejan a las claras tanto la falta de unidad y criterio como el “nivel” de la política patria.

También se echa de menos la falta de liderazgo, ya que desafortunadamente en España, no lo hay. Característica clave para conseguir mejores resultados y poder desacelerar, frenar y minimizar las consecuencias sanitarias, económicas y sociales que la covid19 arrastra.

Dicho esto, la otra piedra angular sobre la que debemos incidir es la responsabilidad ciudadana. Se sustenta sobre nuestra capacidad de cumplimiento de normas tanto individual como colectivamente. Aspecto sobre el cual, también estamos fallando. Si nos comparamos con países nórdicos, dicha comparativa puede resultar obscena. Pero es que incluso con los países de nuestro entorno, salimos muy mal parados.

Normas y recomendaciones son de sobra conocidas por la mayoría de la población. Algunas han sido repetidas como “mantras” y si no se cumplen a rajatabla es porque sencillamente, no se quiere. Desde el mal uso de la mascarilla, funcionando como codera o sin tapar la nariz, hasta el incumplimiento de la distancia social, así como la celebración de reuniones o fiestas que exceden el número permitido y donde el consumo de espirituosos hacen que la laxitud de la norma o flagrante incumplimiento de la misma, sea vox populi (esto último, consecuencia directa del cierre del ocio nocturno), pintan un panorama descorazonador.

Entendemos que las características socio-culturales de nuestro país, cuentan con un arraigo muy fuerte en lo referente tanto a alternar socialmente, como en el vivir la calle. Además del gusto por el contacto físico estrecho: abrazos, besos, muestras de afecto grandilocuentes (característica también muy española), haciendo difícil una disciplina social efectiva.

 Sin embargo, todo esto no puede ser óbice para que no asumamos nuestra responsabilidad y actuemos en consecuencia. Todo ello, en aras de conseguir unos resultados mejores que hagan que esta anómala situación concluya con la mayor celeridad posible.

Aquellos lugares donde se han tomado medidas, y éstas se han cumplido con responsabilidad ciudadana han conseguido resultados muy satisfactorios. Grandes urbes como New York City, con unos resultados escandalosos en primera oleada, han conseguido reducciones drásticas y estabilidad en la evolución de la curva. Empleando medidas duras y normas que la población cumple estrictamente en la mayoría de los casos. Si bien es cierto que ha podido haber problemas puntuales en barrios concretos, existen también lugares emblemáticos como Manhattan que están vislumbrando la luz al final del túnel. La desescalada en la gran manzana comenzó el 8 de junio y se dio por finalizada el 30 de septiembre, en un plan que contemplaba 4 fases. Permitiendo la apertura de los restaurantes con el 25% de su capacidad interior. De todas maneras, se abren o cierran zonas de la ciudad en función de la recogida de datos diarios.

Si las medidas y normas, apoyadas en una respuesta de la población que allí habita positiva, logran resultados óptimos en ciudades del tamaño y población de New York, cuanto más podríamos lograr en España, si actuásemos con la misma o parecida disciplina social y responsabilidad ciudadana. En nuestras manos está y es la parte que nos toca.

 Sobre la política, exigirles que actúen con mayor responsabilidad, y que abandonen de forma inminente las “chiquilladas” impropias de estadistas, que se llevan vidas por delante.

No puedo dejar de pensar en las palabras del Comité científico para con la clase política: “ustedes mandan, pero no saben”.

 Demostremos nosotros que la sociedad, no solo sabe, sino que también responde. Así habremos aprobado nuestra asignatura pendiente.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO