Ocho muertos en el Everest en tres días


El pasado día 22 de mayo, 200 personas se plantaron en la cima del Everest, y aunque está por confirmar, se habla de 300 cimas más el día 23. Testigo directo de excepción, el alpinista y Guía de alta montaña alemán David Goettler regresó el jueves al campo base después de renunciar a 8.650 metros: viajaba a contracorriente, sin ayuda de oxígeno artificial, cuando todos los que descendían le impidieron el paso.

Las voces más airadas piden medidas drásticas en la montaña más deseada del planeta, esa por la que se pagan precios de hipoteca y que se ha convertido en un premio para todo aquél que pueda asumir el precio. Mientras unos piden exámenes de aptitud para eliminar a los alpinistas que no son autónomos, otros piden que se prohíba el acceso a la montaña con oxígeno embotellado. Parece ridículo ver morir a personas mientras hacen tiempo para colarse en la cima o abandonarla. Parece incomprensible que si la montaña es sinónimo de libertad, de tranquilidad, de soledad, algunos paguen para hacer fila mientras pelean por no sucumbir.

Robin Haynes Fisher, alpinista británico de 41 años, se ha convertido en el octavo fallecido en tres días en el Everest. Con él, ya son nueve los alpinistas que han perdido la vida y un desaparecido desde que empezó la temporada. Así lo ha confirmado la directora del Departamento de Turismo de Nepal, Meera Acharya.