Primeras heladas y cambio climático

Con la llegada de las primeras heladas y observando el efecto del frío en las plantas, uno no puede dejar de echar un vistazo a la situación actual. Invitar a una reflexión de cómo está cambiando todo. Por una parte el aumento de la concienciación social ante los problemas relacionados con el cambio climático y la inutilidad de los políticos y dirigentes que se llenan la boca con palabras grandilocuentes y sus brindis al sol, no estando nunca a la altura del problema. Por otra parte, prestar atención a cómo el problema afecta a la tierra y observar la manera en la que éste, se acerca ya a la irreversibilidad, si es que no la sobrepasa.

Una rápida mirada al campo hace que veamos las plantas y nos planteemos como éstas se han visto sobreexpuestas en comparación a lo que sucedía hace 30 años. En Europa su período de crecimiento ha aumentado ergo su exposición también. Las plantas tienen que soportar más días al año con heladas. Brotan antes (incluso antes de primavera) y su actividad para más tarde (casi en invierno).

Contrasta con lo que pasa en América del Norte y Asia, donde, contrariamente a Europa, el calentamiento global aquí, ha reducido número de días de heladas. Sin embargo el período de actividad también se ha dilatado con el consiguiente problema.

Otra señal clara es la oscilación térmica brutal entre latitudes que han acrecentado su tónica general y aumentado peligrosamente sus números de temperatura. Comparamos Adelaida en Australia, donde se han alcanzado los 46,6 ºC con Canadá y 14 estados de EEUU con olas de frío de 40ºC bajo cero. Ciudades como Chicago presentan una sensación térmica de 50ºC bajo cero, lo que hace incompatible la actividad humana y la productiva. Cancelación de vuelos, cierre de colegios y oficinas, así como carreteras y autopistas heladas son moneda corriente en la ciudad del viento. Mientras, en Australia, las altas temperaturas dejan millones de peces muertos y medidas de emergencia por los altos niveles de ozono.

Pese a la distancia y diferencia de latitud no son fenómenos ajenos y están conectados. Científicos expertos en el cambio climático alertan de la afectación en la CGA (Circulación general atmosférica), lo cual explica el comportamiento anómalo de unos vientos gélidos que raramente sobrepasaban los límites el Ártico.

Llegado el caso, de cumplirse los objetivos de reducción de emisiones, los efectos positivos tardarán en notarse. Habrá por tanto que prepararse para un período de anomalías persistentes en fenómenos extremos y que traerán consigo graves daños.

En lo referente a España podemos destacar la problemática en la subida del nivel mar, sequías pertinaces y desertización generalizada, así como olas de calor junto con inviernos más extremos y duros.

El aumento de la temperatura como consecuencia de la industrialización del siglo XX ha sido de 0,6 º C y la subida del nivel del mar de 10-12 cm. Sin embargo, de continuar con el ritmo actual la posibilidad de subida del nivel del mar sería de 3 m para el año 2100. Baste recordar la imagen icónica del oso polar a la deriva sobre un bloque de hielo. Si el derretimiento de los casquetes entra en juego de forma contundente y se acaban haciendo realidad los malos augurios, ciudades como Málaga, Barcelona, Santander o A Coruña sufrirían inundaciones severas.

Según el Ministerio de medio ambiente el 74% del suelo español está en proceso de desertificación. Además existe la previsión de que el 20% a salvo, se vea en peligro en 50 años. La pérdida de suelo fértil es ya irreversible. Esto provocará un mayor éxodo del campo a las grandes ciudades debido a la crisis de la agricultura tradicional. Además, los recursos naturales de las zonas colindantes a estas urbes se verán sobreexplotados, incluyendo los recursos hídricos subterráneos. Los niveles de contaminación de estas áreas se elevarán con la consiguiente retroalimentación del cambio climático.

En octubre de 2017 se celebraba en Vigo el VI Congreso sobre cambio climático y pesca organizado por la FAO y Conxemar. Allí los expertos alertaban sobre el aumento de la temperatura del agua, la acidificación del océano y el cambio de las corrientes marinas. Teniendo como resultado la modificación de la distribución de las especies.

Atlántico y Cantábrico ven a sus especies características cada vez más al norte en busca de aguas más propicias, con lo que esta “tropicalización de las especies” afectará al 60% de la pesca y acuicultura.

La situación es, por tanto, más que alarmante. El Parlamento europeo ha proclamado un estado de emergencia por el clima y el medio ambiente. Se marca el límite del incremento de la temperatura en 1,5ºC (por debajo de 2ºC). De no conseguirse esta medida, las repercusiones serán catastróficas. Estamos entonces ante la hora h y el día d para tomar medidas sin necesidad de que la niña sueca, Greta Thunberg, activista infantil promocionada a saber con que intereses de dispersión, llame la atención o monte el numerito de reprimenda a unos políticos ineficaces e incapaces de dar solución definitiva y global al problema, quienes además, ante los ojos del mundo, aplauden la bronca mediática con rostros circunspectos.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO