Robots vs personas

El temor del ser humano a ser reemplazado por una máquina se inicia con la revolución industrial. Una vez que ésta se consolida, en pleno siglo XIX, los trabajadores las hacen responsables de olas de despidos, salarios precarios y malas condiciones laborales, comenzando a destruirlas y boicotearlas. Aún así, su avance  es imparable y se impone un nuevo modelo económico.

Poco a poco, y gracias a  esta mecanización se produce un crecimiento económico desorbitado, aparecen ferrocarriles, automóviles, máquinas que aumentan, todavía más, la productividad, junto con toda clase de aparatos que facilitan la vida de la gente. De la mano de estos avances surgen en la sociedad nuevas oportunidades y empleos modernos, nichos de negocio y un estilo de vida, impensable sin estas máquinas.

Pese a todo, y debido a la vertiginosa velocidad en los avances, que las nuevas tecnologías, en torno a inteligencia artificial y la robótica, están alcanzando, se palpa un repunte del miedo en la sociedad a la pérdida de empleo, así como la sustitución de la mano de obra humana por robots. Todo ello acrecentado por un persistente contexto de sempiterna crisis económica.

Robert  Cannon, experto en legislación digital señala:” todo lo que puede ser automatizado, se automatizará”. Y es que, a diferencia de anteriores revoluciones tecnológicas, que fueron más lentas, la robótica ofrece un panorama desalentador, que puede llevarse por delante innumerables trabajos humanos. La duda surge  en, si esto producirá, nuevamente, otras oportunidades, trabajos y negocios por y para el ser humano, o no.

Actualmente, el riesgo de error y la imputación de responsabilidad continúan siendo importantes obstáculos para la aplicación de estas tecnologías en el día a día. A corto plazo se estima que robótica e I.A tengan su nicho en banca, comercio y transporte.

Sin embargo hay una serie de aspectos que hacen muy difícil, si no imposible, la sustitución de los humanos por robots. Sobre todo, en el campo de los sentimientos y las emociones: amor y pasión nunca podrán ser otorgados por robots puesto que sus labores serán automatizadas. Por lo tanto, esfuerzo y dedicación serán algo tabú para las máquinas mientras que si estarán al alcance del ser humano, quién es proactivo cuando ama la actividad que realiza.

Otro aspecto igualmente inalcanzable para autómatas es el de la creatividad. Sus bases de datos se centrarían en cosas ya existentes y, ante una situación que requiera  imaginación y dotes creativas para conseguir algo nuevo, los robots se encontrarían, sencillamente, con la falta de dicha habilidad.

También es reseñable el valor de la empatía, característica propia de los seres humanos. Por lo tanto, en áreas como la Educación, que precisa no sólo de altas dosis de paciencia sino también de comprensión, esta maquinaria, por sofisticada que sea, queda excluida.

Por último, el coste de mantenimiento, sustitución y reparación de los robots. En el caso de determinados modelos, ésta carga monetaria podría superar en mucho el salario de un trabajador humano.

Si, además, añadimos la ética, el valor intrínseco del ser humano, aportaciones filosóficas e incluso la consideración, patética y nefasta, de estar hablando únicamente, en términos de valor económico tanto del hombre como de la mujer, sin respeto alguno por su verdadero aporte en el mundo, entonces, la balanza tiene que decantarse hacia la protección de nuestra especie: el ser humano, a día de hoy homo sapiens sapiens, sin ningún género de duda.

ALEJANDRO LUIS OTERO JAMARDO