Multados con 5.000 euros los propietarios del secadero de congrio artesanal de Muxía

Imaxe de arquivo do alcalde, Iago Toba (esquerda), con Miguel Diz

Para el gobierno locall a solución pasa por convertir el espacio en un centro de interpretación.

Este martes se conocía que Miguel Diz, propietario de uno de los secaderos de congrio artesanales de Muxía, deberá abonar una multa de 5.001 euros por incumplir la normativa de seguridad alimentaria. Tras conocer esta noticia el regidor, Iago Toba, se reunió con la familia afectada para buscar una solución y la del grupo de gobierno pasa por convertir el espacio en un lugar divulgativo, en un centro de interpretación destinado a «dar a coñecer esta ancestral técnica tanto á veciñanza como aos turistas». Una iniciativa que el equipo de gobierno elevará al pleno en la próxima sesión.

Este acuerdo «permitiría a subsistencia desta empresa ao tempo que declararía o secadoiro como un ben inmaterial», afirma Toba, quien señala que esta idea surge «ante a inacción política do Partido Popular a nivel local e autonómico» a pesar de que tanto la directora general de Saúde Pública, Carmen Durán Parrondo, como el delegado territorial de la Xunta de Galicia en la provincia de A Coruña, Gonzalo Trenor, habían mostrado siempre buena voluntad para alcanzar una solución. Os feitos son os que son e nós non podemos quedar quedos», sentencia el alcalde.

Toba también critica la «irresponsabilidade política» del PP local por prometer en innumerables ocasiones elevar la petición de una medida cautelar para proteger los secaderos de congrio consiguiendo un resultado «totalmente contrario». «Novamente ponse de relevancia que son só anuncios políticos, non hai vontade institucional por resolver un problema que vai máis alá das nosas fronteiras: o secado do congro é un emblema de Galicia e non podemos permitir que se vilipendie con promesas baleiras», concluye el regidor.

Por otra parte, el alcalde adelantó que, de cara el futuro, se analizará la viabilidad de la gestión de este secadero a través de permisos y concesiones para, gradualmente, convertirse en un centro museístico más centrado en la tradición que en la producción.